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DECLARACION

 Movimiento por la Constituyente Popular

 

 
 
Carencia de garantías políticas para la oposición, gran presencia económica e intimidatoria del narcoparamilitarismo legalizado, terrorismo de Estado nunca visto, escasez de debate programático, definición de candidaturas presidenciales, la alta abstención, confirmación electoral de la tendencia al
crecimiento de la oposición y la ratificación del clientelismo uribista son los rasgos más notables de la campaña política que concluyó con la jornada electoral del 12 de marzo, confirmando la incesante polarización política y social en el país.

  

Termina una campaña política en medio de una “seguridad democrática” para las minorías y sus partidos, altísimos costos y otras restricciones a la publicidad política de la oposición, hostigamiento a disidentes del gobierno incluso desde los púlpitos, crímenes de la policía contra manifestantes, bombardeos y ametrallamientos contra la población y la biodiversidad de la Serranía de la
Macarena y la frontera con Ecuador.

  

La reforma política mostró, por segunda vez, objetivos ajenos a la democracia. Centrada en mecánicas sobre reducción del número de listas y de costos para el Estado, llama la atención sobre complejos asuntos prácticos del cómo votar y repartir, dejando en plano muy secundario la exposición de ideas, imponiendo nudo corredizo a las fuerzas políticas de oposición y el claro favorecimiento a los partidos posicionados y apropiados del Estado.
  
El 60 por ciento de abstención de los
26’595.171 de ciudadanos; 10 por ciento de votos nulos de los 10’780.668 de sufragantes; un cuarto de millón de votos en blanco; 300 mil tarjetas no marcadas; y dos millones y medio de votos por las fuerzas opositoras dan cuenta de la falsedad del 60 por ciento de popularidad de Álvaro Uribe y de los avances democráticos de Colombia.

  

Esta visible falta de estímulo a la participación política y de rechazo al régimen y su Presidente, es el gran “talón de Aquiles” del proyecto fascista de Estado Comunitario, soportado en el neoliberalismo y las teorías militares-represivas del Departamento de Estado y el Pentágono de Washington. Igualmente, es una de las bases de la tendencia al crecimiento de la oposición.
  
A no dudar, de estas fuerzas irritadas por la pobreza y la opresión crecientes, las nuevas acciones de masas directas en Colombia, las luchas contra el modelo en Ecuador y el mundo, así como por las candidaturas presidenciales de oposición, especialmente la de Carlos Gaviria Díaz, saldrán nuevas expresiones de oposición, tanto
para incrementar la lucha social masiva como para protestar en la primera vuelta presidencial del 28 de mayo, que augura un golpe político al mismísimo candidato a la reelección que podría obligar a una segunda vuelta para definir el  Presidente de Colombia.

  

El POLO logró 11 Senadores y 9 Representantes a la Cámara, incrementó su representación parlamentaria quitándole votos a los partidos tradicionales en los principales centros urbanos para superar el millón de votos y los resultados anteriores de la oposición de izquierda, democrática y progresista radical. El resultado en las urnas decantó posturas ideológicas en beneficio de las ideas de
cambió más firmes y en detrimento de las ambigüedades del llamado “centro” que se rehúsa a aplicar el “Ideario Político” del POLO. Al tiempo, crece la confianza en la necesidad de la unidad y, si hay habilidad política, el POLO aprovechará el prestigio creciente de nuestro candidato presidencial Carlos Gaviria para ampliar el trabajo hacia las fuerzas políticas y sociales (de Colombia y el continente) que tienden al cambio del modelo económico y de dominación; fomentará espacios unitarios como la Gran Coalición Democrática; así podrá mantener en alto la bandera de ser gobierno alternativo pensando en el poder popular.

  

“Cambio Radical” es el único partido uribista que aumentó la representación parlamentaria, robó votos y caciques a los demás agrupamientos del autoritarismo oligárquico. El partido oficial de Uribe, el de la “U” (Partido Social de Unidad Nacional); el Partido Conservador y otras empresas electorales del séquito narcoparamilitar del mismísimo Presidente perdieron congresistas por cuenta del jefe de “Cambio Radical” Germán Vargas, principal
varón electoral de la colcha de retazos gobiernistas zurcida con el hilo de la mediocridad política.

  

Pero la mayoría derechista en el Congreso, que da pié al triunfalismo mediático que pretende apabullar la opinión contraria, tiene casi idéntica votación que en el 2002, develando el bajo apoyo popular y la falsedad de las encuestas. Ese resultado es más inconsistente si se observa que tuvo a su favor la maquinaria del dinero y la intimidación narcoparamilitar, la aplastante y excluyente publicidad, el manejo de puestos y otras formas de clientelismo.
  
El Partido Liberal aumentó congresistas pero sigue atrapado en agudos debates entre posturas que se excluyen, deserciones al uribismo, la incapacidad de hacer oposición seria, la gran presencia narcoparamilitar en sus filas, el debilitamiento de la imagen del candidato presidencial Horacio Serpa por sus flojedades políticas e ideológicas. Sobre todo, es un partido liberal empantanado por su desprestigio entre el pueblo. A la tendencia democrática y de izquierda a su interior se le abren oportunidades para diferenciarse de los representantes de la oligarquía liberal, para tender nuevos puentes de unidad con las demás fuerzas de oposición y alentar la lucha política de masas contra el régimen.
  
Se requiere un gran trabajo político que
incluye un debate sobre las actuaciones y planes del gobierno, sin limitarlo a los candidatos presidenciales, llegando al pueblo para explicarle e invitarle a la lucha, al Primero de Mayo unitario y beligerante, a rechazar el TLC y el alto costo de vida, los impuestos y tarifas de servicios públicos, a exigir mejores salarios e ingresos, empleo estable, vivienda, salud y educación públicas. A defender la soberanía del país de la voracidad de las multinacionales y la potencia imperialista del norte.

  

Estamos convencidos de que Álvaro Uribe es derrotable si mantenemos la lucha masiva contra sus políticas, si aprendemos de Bolivia y Ecuador y no nos limitamos a actuar sólo en función de los episodios electorales alentando y organizando las expresiones de
descontento popular.

  

Somos concientes de las contradicciones internas del régimen, que al  mezclarse con las diferentes acciones populares pueden causar una crisis política que arrincone políticamente a Uribe y le impida ejercer la gobernabilidad que demandan los ricos; recordando que su esencia es tener controlada la mayoría del pueblo, la que no es equivalente a la suma de curules de los partidos.
  
 


  
  
Comité Coordinador del Comité Nacional de Impulso
  
 
  
¡Contra la reelección y por el cambio!
  
 
  
Carlos Gaviria Díaz... ¡Presidente!