Make your own free website on Tripod.com
   
   

CONSTITUYENTE POR BOGOTÁ

UNA APUESTA POR LA CONSTRUCCIÓN DE UNA CIUDAD ESTADO.

 

JOSE CUESTA

 

El gobierno del Alcalde Luis Garzón en la Capital, es una gran oportunidad política para redefinir el marco jurídico, político y administrativo de la ciudad. Es hora de revisar el Estatuto Orgánico de Bogotá, con el propósito de ampliar la participación ciudadana en temas centrales como la estructuración del presupuesto público, el ordenamiento administrativo, la profundización de la descentralización del Distrito Capital. Y otra serie de temas de interés, cuya importancia recomienda la necesidad de trascender el restringido ámbito de los tecnócratas, en donde tradicionalmente son discutidos. Bogotá esta madura para asumir el desafió de la ESTATUYENTE DISTRITAL.

 

La Constituyente Bogotana deberá ser el resultado de la más amplia participación social y ciudadana, desatada a partir del ámbito local. La localidad como un espacio de síntesis social, política y cultural de la ciudad, será el núcleo central de la acción constituyente; cada una de las localidades tendrá la tarea de impulsar una CONSTITUYENTE, permitiendo que en ella se expresen los más diversos actores sociales y políticos, quienes dotados de agendas concretas, emprenderán el proceso de remodelar su proyecto de ciudad, a partir del desafío de reformar su barrio, su UPZ y su localidad.

 

Las Constituyentes Locales deberán propiciar una reflexión honda sobre el rol de las instituciones locales y distritales, las organizaciones sociales, los vecinos de la cuadra, las mujeres, los jóvenes, la empresa privada, la economía solidaria, en la reconfiguración de un nuevo modelo de relación social, económico, político y cultural, capaz de refundar una convivencia compleja, productiva y solidaria; amenazada por realidades emergentes que han destruido viejas formas de identidad urbana, liquidando las economías familiares, situando a un alto porcentaje de Bogotanas y Bogotanos en el horizonte del No Futuro. 

 

Las Constituyentes Locales por las que abogamos son una apuesta por la construcción de un modelo de vitalidades puestas al  servicio de la sostenibilidad, la paz y la democracia en  Bogotá. Redefinidos esos ejes centrales y transversales de la vida pública local, si vale la pena ponernos en la tarea de asignar recursos de todo orden a los nuevos énfasis de la política publica; lo demás es el viejo ejercicio de hacer las sumas y las restas, propias de la política del pequeño comité,  desprovistos de la expectativa de propósitos mayores trazados en el marco de procesos participativos.    

 

LOS SILENCIOS DEL ESTATUTO ORGANICO DE BOGOTA

 

 “El Estatuto Orgánico de la ciudad de Bogotá,”,  Decreto Ley 1421 expedido por el Ex Presidente Cesar Gaviria, es un instrumento de regulación y ordenamiento de la ciudad en el:

Ámbito político

Ámbito jurídico

Ámbito administrativo

Ámbito fiscal

 

Hoy 11 años después de su expedición el Estatuto refleja las limitaciones naturales de una estructura normativa, desbordada por la presencia de nuevas realidades políticas, sociales y culturales urbanas. El ejercicio constituyente del que hablamos, no tiene otro significado distinto al de contemporizar la institucionalidad capitalina con las realidades sociales emergentes.

 

La ciudad- estado como unidad política y administrativa domino buena parte de la historia clásica de la humanidad; la democracia ateniense encontró en ella, un paradigma funcional en la toma de decisiones asociadas a la esfera de lo publico. El predominio político de la ciudad- estado, se ve alterado por la emergencia de una nueva categoría, que acompaña el surgimiento y la consolidación del proyecto de la modernidad; la razón orienta el decurso de la sociedad, ningún ámbito de la vida humana, escapa a la pretensión holística del pensamiento ilustrado. Es precisamente la política el escenario ideal, para poner a prueba la potencia de la razón, en la tarea de restaurar el orden ya disipado; pero no es la restauración del viejo orden clerical, se trata de un orden social complejo, ya que debe integrar la idea de orden, al principio irreductible de la libertad. El constructo que crea la modernidad es la figura del estado- nación, unidad política que define la suerte del mundo a lo largo del siglo XX.

 

La aparición y desarrollo de la globalización, entendida ésta como un flujo sin límites ni fronteras, de ideas, culturas, avances tecnológicos, cadenas productivas y circuitos financieros, ha traído como consecuencia entre otros efectos, la pérdida de vigor de la soberanía nacional sobre la cual reside el poder del estado- nación. El estado- nación fue la pieza clave del entramado de las relaciones internacionales, dando lugar a los intrincados intercambios económicos y comerciales del mundo moderno. El declive político de los estados nacionales, constatado sin mayores reservas a finales del siglo XX, ha generado un curioso rejuvenecimiento de las ciudades- estado; la dinámica económica del mundo de hoy, toma en consideración como actor central en las interlocuciones de este tipo a las grandes urbes, presenciamos una renovada capacidad de autonomía urbana, al momento de suscribir convenios comerciales entre ciudades, acuerdos para la prevención o mitigación de los desastres, ya sean naturales o provocados, intercambios culturales o en el mejor de los casos, al momento de firmar acuerdos financieros con la banca multilateral. En síntesis, asistimos a una fulgurante reconfiguración del poder político de las ciudades- estado.

 

Bogotá es parte de esta nueva realidad, para la muestra dos botones: mientras Colombia afronta serias dificultades en materia de las evaluaciones otorgadas por las calificadoras de riesgo, organismos éstos, de naturaleza técnica al servicio del sistema financiero internacional, quienes avalan o no la capacidad de endeudamiento de los estados; muy por el contrario la capital de la república es evaluada, desde el punto de vista financiero con una calificación triple A. Por estos días se realiza el IX festival iberoamericano de teatro de Bogotá, la sola reseña del titulo lo compendia todo, Bogotá es una ciudad pionera en la promoción de las bellas artes y factor de impulso en la cultura colombiana. Este par de ejemplos pueden ser leídos desde dos ópticas distintas: por un lado, el carácter centralista que aun pervive en el sistema político colombiano; una segunda lectura, más cercana a la realidad, nos mostraría una ciudad pujante, que comienza a construir su propio espacio político en el mundo global.

 

Si la segunda interpretación no fuese una afirmación carente de significado, la actual administración, debería disponer de un esfuerzo sustantivo de gobierno para preparar institucionalmente el distrito capital, con el objeto de asumir el reto de convertir a Bogotá en la nueva Atenas suramericana.

 

La agenda pública de un mundo global exige atención particular sobre temas de especial sensibilidad para la humanidad. Los derechos humanos son una prioridad indiscutida en el ámbito público contemporáneo; el medio ambiente se percibe como una necesidad vital ineludible en la tarea de preservar el planeta y sus especies; la democracia es asumida por el mundo moderno como la ruta inexorable hacia la conquista de mayores niveles de calidad de vida para los ciudadanos. A propósito del último aspecto mencionado, es indispensable ampliar la referencia de la democracia como categoría; lo democrático no se reduce a los juegos entre mayorías y minorías para componer modelos de gobernabilidad, en la actualidad implica incorporar dimensiones extrañadas de la tradición representativa.

 

La complejidad de lo democrático recupera miradas de genero, percepciones de la diferencia étnica, sensibilidades en torno a la pluralidad de orientaciones sexuales, concepciones múltiples de la vida cotidiana. Y las recupera no solo para la función descriptiva o enunciativa, más bien las rehabilita para el acto político del reconocimiento social, del otorgamiento de un espacio de legitimidad institucional, de empoderamiento colectivo; es una inclusión para construir actores sociales y políticos, capaces de deliberar, de reflexionar y de concertar en la vida publica.

 

Bogotá es una urbe de más de 7 millones de habitantes, con una riqueza étnica singular; aquí hacen presencia comunidades indígenas raizales, valga reseñar el ejemplo del Cabildo Indígena existente y asentado en la localidad 11 de Suba, amen de los miles de migrantes indígenas provenientes de todo el territorio nacional, forzados a salir de sus tierras ancestrales por una guerra estéril y degradada como la que se libra en este país. La Bogotá cachaca de los años treinta poco se parece a la actual, del viejo prototipo del habitante señorial de la fría altiplanicie, solo queda el recuerdo de una figura inglesa con sombrero de copa, traje de tres piezas, reloj ferrocarril, gabardina y el infaltable paraguas negro. Hoy en cambio la rebeldía del color, del ritmo y del sabor asalta amablemente la retina, el oído y el paladar de sus habitantes. A Bogotá arribaron miles de afrodescendientes, provienen de mares, costas y riberas, llegaron para quedarse, traen consigo el golpe ardiente de los cueros pegados a su piel, han llegado con el tumbao que tienen al caminar, quieren compartir con los que estábamos aquí, su gusto por los mariscos, los camarones, una sierra o un pargo rojo. Se han encargado de transformar el sabor de la ciudad, han democratizado el valor y el aprecio por el placer, muy en correspondencia con la filosofía vital del Alcalde Luis Garzón, trabajar, pensar y descansar.

 

Si se cree que la historia posee el sentido de estructurar el alma y la vida de una comunidad, habría que decir con toda justicia que, la institucionalidad capitalina no esta inspirada en el principio democrático del reconocimiento étnico. El barrio Puente Aranda de la localidad 16 y que también lleva ese nombre, cuenta entre sus fundadores a mujeres dedicadas a leer en las líneas de las manos los destinos de la humanidad, a hombres que saben producir los mejores calderos de cobre sobre la tierra, a gentes que hacen de la carreta y el caballo su forma de vida. La comunidad gitana existe y vive en Bogotá, no importa cuantos sean, para una democracia incluyente lo importante es que están ahí, existen y demandan reconocimiento político.

 

Los desafíos ecológicos y ambientales se constituyen en otra materia de preocupación pública. El agua potable y su sostenibilidad, la seguridad alimentaria, son temas que necesariamente van revelando la vinculación orgánica de la ciudad con su entorno, con su región. En el caso particular del agua, Bogotá es ante todo una metrópoli consumidora, no productora; los recursos acuíferos naturales se encuentran básicamente en el páramo de Sumapaz, el más grande del mundo. Si están en el Sumapaz por qué inquietarse, al fin y al cabo es territorio distrital, hay que recordar que  ésta, es la localidad 20 del distrito capital; pero la cosa no es tan simple, ya que todos sabemos que la jurisdicción en cuanto autoridad ambiental sobre este páramo la ejerce la Corporación Autónoma Regional CAR.

 

Un razonamiento similar se desprende del análisis de la producción agrícola que abastece a la ciudad; nosotros consumimos lo que se produce en las regiones adyacentes. Dar salida a problemas como estos y a otros de semejante naturaleza, implica un salto de calidad en la concepción administrativa de lo público; las ciudades ya no son entidades territoriales basadas en autonomías restringidas y relaciones autárquicas, la vida de la ciudad no puede ser desligada de la vida de la región, existen franjas de problemáticas comunes, cuya salida depende de la alianza estratégica que se establezca entre Bogotá y la región central. En materia de agua potable Bogotá no podrá sobrevivir a largo plazo, sino logra definir una política de protección ambiental de cuencas hidrográficas, humedales, cerros y paramos, estrategia diseñada y compartida en forma conjunta por la ciudad región.

 

Estas y otras nuevas realidades sociales como las de género o minorías sexuales deberán ser objeto de atención del esfuerzo constituyente. El 1421 las silencio, se trata entonces de visibilizarlas. Son realidades que demandan formalización jurídica, es la hora de consagrarlas en un Pacto Democrático por Bogotá. De ahí que el nuevo Estatuto Orgánico de la capital lo pensemos como un autentico pacto para la convivencia ciudadana; cruzado por una fuerte política integral en derechos humanos, no reducida al ámbito de los derechos políticos y civiles, por el contrario, extendida al ámbito de los derechos económicos, sociales, culturales e informáticos, única posibilidad de poder soportar el proyecto de una Bogotá moderna pero humana; un Estatuto incidido por un sólido componente ecológico y ambiental. Un Estatuto Orgánico que haga  de la multiculturalidad y la interculturalidad una política institucional, que facilite puentes para la comunicación entre perspectivas de mundo vital distintas, para que esa heterogeneidad y esa pluralidad cultural potencien el crecimiento y desarrollo de la ciudad.

 

A la par de estas nuevas realidades, coexisten otras problemáticas que por su permanencia en el tiempo bien podríamos calificar de clásicas, nos referimos concretamente  a las dificultades encarnadas en lo político, lo administrativo y lo fiscal. Son viejas preocupaciones que merecen ser tenidas en cuenta dentro de esta reflexión colectiva. La más importante de todas, es la necesidad de diseñar un paquete de medidas tendientes a facilitar la descentralización administrativa, tan urgente para la vida de las localidades. Los comentaristas del Estatuto coinciden en reconocer el carácter desbordantemente centralista de dicha norma; la figura del Alcalde Mayor termina revestida de tal cúmulo de funciones y concentrando un sin numero de atribuciones, facultades y poderes, que hacen poco funcional la marcha de la administración distrital. Por razones políticas y administrativas es urgente descentralizar el funcionamiento de las instituciones distritales, cuidándonos de no incurrir en la vieja confusión, al asimilar desconcentración de funciones con descentralización administrativa.

 

El alto grado de centralización de la función publica en el distrito, impide maximizar el impacto de la gestión institucional; descentralizar es entonces una condición para una gobernabilidad eficiente. Descentralizar implica redefinir el sentido de lo que entendemos por política; éste ejercicio no puede ser reducido a la esfera de lo electoral, menos al funcionamiento de los partidos, a la actuación de los candidatos, o la acción de los gobernantes; verla así, es despojarla de su mayor virtud: la de ser un escenario de síntesis social para la participación, la deliberación y la decisión ciudadana en torno a los asuntos de la vida publica, en contraste con los asuntos de la vida cotidiana. La política re-significada de esta forma se vincula orgánicamente con un nuevo sentido de lo público, que ya no puede ser asimilado con las estructuras de lo estatal, simplemente porque lo rebasa y lo trasciende. Se crea un nuevo espacio de encuentro y diálogo transaccional entre el Estado y la sociedad civil, esta última participa  a través de variadas organizaciones o en forma desestructurada; los contenidos del diálogo están representados por el interés común de definir el rumbo, él hacia donde ir en términos de comunidad; los resultados transados de dicho diálogo desembocan en lo que se denomina política publica.

 

El nuevo contenido de la política, coincidente con el ámbito de lo público; pero un concepto de lo público en el que por antonomasia cabemos tod@s, requiere de un enfoque de territorialización que facilite las condiciones de la participación democrática en la vida pública. La territorialización debe ser entendida como una construcción de poder publico, íntimamente ligada a la noción de espacios básicos, públicos y humanos; es un concepto de ubicuidad que supera lo puramente espacial, más bien lo engloba en una categoría social y cultural.

 

Descentralizar significa entonces territorializar y democratizar la política  pública, entendiendo por ésta la planeación, el diseño, la ejecución y el control de la acción que posea un impacto sobre la comunidad. En forma más concreta significa acercar el estado a la sociedad y al ciudadano, allí en los espacios micro de tejido comunitario, permitiendo que sociedad y ciudadano intervengan, deliberen y construyan la decisión pública. Trasladar la función pública y la decisión política y administrativa al plano local asegura por un lado, blindar en términos de transparencia la ejecución de los recursos públicos, y por el otro, amplia la capacidad de decisión, incorporando nuevos actores sociales locales, garantizando con ello el compromiso de la comunidad en la ejecución y el control social de la política pública.

 

El Alcalde Mayor de Bogotá Luis Garzón ha formulado con toda claridad el principio de la participación ciudadana con decisión, como un factor determinante del nuevo modelo administrativo. Para que esta afirmación se llene de contenido, lo primero que habría que plantear es la necesidad de modificar el monto porcentual de los recursos financieros provenientes de los ingresos corrientes del distrito, (variable decisiva en la configuración del presupuesto distrital), transferidos  a las localidades, en donde luego son sometidos a unos interesantes juegos de participación conocidos como los Encuentros Ciudadanos. Por disposición del Estatuto Orgánico,  los montos presupuestales transferibles a las localidades están definidos por un rango, cuyo limite inferior es del 10% y no puede ser superior al 20%. De no incrementarse las transferencias presupuestales locales, estos espacios terminarán invalidándose por la asfixia de la formalidad que ahoga la potencia de la participación; en este sentido el Alcalde Luis Garzón entiende el valor democrático de los presupuestos participativos locales, la esencia de la participación ciudadana reside en la capacidad de las comunidades organizadas de decidir en que se invierte, como se invierte y cuando se invierte. Lo demás son juegos artificiosos de la participación social, en los cuales se estimula una de las dimensiones fundamentales de la democracia participativa, la de deliberar en forma colectiva; bien podríamos afirmar que, la dimensión deliberativa se constituye en condición necesaria, más no suficiente, de la participación ciudadana. La condición suficiente de la participación ciudadana, social y comunitaria la representa la dimensión decisional, momento aquel en donde los sujetos colectivos concluyen con una voluntad ejecutiva, un proceso de planificación democrático en materia de políticas públicas.

 

Es inevitable que, al momento de hablar del Estatuto Orgánico de la ciudad, no se vea uno tentado a reflexionar sobre un asunto de especial importancia política para la vida de las localidades. Tiene que ver con el nombramiento de los alcaldes locales, acabamos de superar esa etapa, y, reaparecieron como de costumbre los viejos dolores, las practicas poco claras en los juegos de los partidos o movimientos interesados en ternar sus propios candidatos; en fin, un proceso que por su naturaleza y origen estructural, estará siempre condenado a provocar innecesarios choques institucionales entre el Alcalde Mayor y las Juntas Administradoras Locales, o aún más, entre las colectividades políticas locales. Salta a la vista la causa de la anomalía; la formula prevista para tal fin, fue consagrada por la Constitución del 91 en su articulo 323, y reglamentada legalmente en forma posterior por el decreto 1421 de 1993 en su articulo 84; en ella se establece un mecanismo híbrido para el nombramiento de los burgomaestres locales, consistente en facultar a las JAL, para la elaboración de ternas, de las cuales el Alcalde Mayor escogerá el Alcalde de cada localidad. Mejor dicho, ni chicha ni limoná, una mixtura insostenible de poder local con atribuciones del gobierno central, que lo único que demuestra es la necesidad apremiante de revisar este aspecto de la democracia local, en el marco de un nuevo Estatuto Orgánico para Bogotá. Para finalizar los comentarios sobre los Alcaldes Locales, quisiese decir que, un argumento adicional en favor de la reforma del procedimiento señalado, es la contradicción existente entre lo afirmado por la Constitución y el Estatuto Orgánico, y lo previsto en la reforma política del 2003. Porque mientras esta última aboga por el fortalecimiento y la consolidación de los partidos, en un intento por superar la fragmentación y la desestructuración de la política como ejercicio, el método de nombramiento de los alcaldes locales en Bogotá apunta en una dirección contraria, al propiciar una rebatiña clientelista en la definición de las coaliciones encargadas de elaborar las ternas, sacrificando de esta forma la oportunidad de hacer de la política ante todo un esfuerzo programático, ratificado por la voluntad ciudadana.                

 

La gran oportunidad que se le plantea al Gobierno del Alcalde Luis Garzón en el campo de la descentralización, es la de dotar a la ciudad y al ciudadano de mecanismos de participación que le permitan intervenir en la decisión y el diseño de un  Estatuto Orgánico, moderno y funcional a las nuevas realidades políticas, administrativas, fiscales, ambientales y culturales. 

 

 

METODOLOGIA DE LA CONSTITUYENTE POR BOGOTÁ

 

1- INCLUSION SOCIAL

 

La convocatoria a participar de la Constituyente por Bogotá, debe estar fundada en los principios de la amplitud social, el pluralismo ideológico y la tolerancia religiosa. Esto significa que pretendemos convocar a los gremios económicos, la empresa privada, los medios masivos de comunicación, las iglesias, las organizaciones sindicales, las organizaciones comunitarias, las organizaciones no gubernamentales, los partidos políticos, las autoridades políticas distritales y locales y la ciudadanía en general.

 

2- APERTURA Y DEMOCRACIA

 

Las deliberaciones en los espacios constituyentes deben estar inspiradas por concepciones abiertas; un examen libre y critico de los conceptos; una disposición al diálogo fructífero, basado en una actitud de escuchar y respetar los puntos de vista contrarios; concertar para avanzar, haciendo del consenso el instrumento ideal para la toma de decisiones.

 

3- LO LOCAL FUENTE DE LA LEGITIMIDAD CONSTITUYENTE

 

Este ejercicio constituyente debe privilegiar la voz de lo local, esto significa que el proceso constituyente va a estar marcado por una dinámica constructiva de abajo hacia arriba. De los barrios a las unidades de planificación zonal, de las UPZ a las localidades, de las localidades al Distrito Capital y el Concejo de Bogotá, y del Distrito Capital al Congreso de la República.

 

4- MOMENTOS CONSTITUYENTES

 

Consecuentes con el ritmo ya anunciado, de abajo hacia arriba, el primer paso a dar es la presentación y concertación de la propuesta de la CONSTITUYENTE POR BOGOTÁ con las comunidades de las distintas localidades; a continuación se crearan los 20 COMITES CONSTITUYENTES LOCALES, uno por cada localidad. Previo a la conformación de los Comités Locales es indispensable adelantar una importante campaña publicitaria de sensibilización de la Constituyente por Bogotá; esta campaña publicitaria debe comprometer el uso de los medios masivos de comunicación, al igual que el uso de plegables, chapolas y volantes, con los cuales se pueda establecer un contacto directo con los vecinos de las cuadras, manzanas y barrios de cada una de las localidades.

 

Los Comités Constituyentes por Localidad tendrán a su turno espacios de agrupamiento y coordinación por cada una de las unidades de planificación zonal, una constituyente local estructurada de esta forma, permite una mayor participación de los distintos actores sociales locales, al facilitar los mecanismos, los tiempos y los ámbitos en los cuales se pueda recoger la voluntad y la iniciativa de los habitantes cada localidad.

 

El trabajo de las constituyentes locales será sintetizado en una gran CONSTITUYENTE DISTRITAL, conformada por delegados de cada uno de los Comités Locales y sectoriales de las Constituyentes. Los voceros de cada uno de los comités serán los encargados de presentar los productos terminados de las reflexiones e iniciativas colectivas, formuladas en las UPZ y en las constituyentes  locales; los voceros de cada uno de los sectores sociales cumplirán un rol similar al de los voceros de los Comités Locales Constituyentes.

 

 La tarea central de la CONSTITUYENTE DISTRITAL será ensamblar un cuerpo articulado de nuevo Estatuto Orgánico para Bogotá, que represente el trabajo profundo e intenso de las constituyentes locales y sectoriales, y, manifieste la voluntad de cambio y transformación institucional demandado por los Bogotanos a lo largo de todo el proceso. El proyecto de nuevo Estatuto Orgánico será  puesto a consideración del Congreso de la República, confiados en que la legitimidad de la participación popular, presente durante el proceso constituyente se convierta en el argumento más poderoso, para hacerles comprender a nuestros congresistas, la necesidad urgente de aprobar una herramienta de renovación institucional de la capital.

 

5- CONCERTACIÓN PARA LA CONSTITUYENTE POR BOGOTÁ.

 

Una iniciativa de esta dimensión deberá privilegiar el método de la concertación con todos los actores económicos, sociales, ciudadanos y políticos, si quiere obtener resultados positivos. Por esta razón proponemos, como parte de una estrategia de concertación de LA CONSTITUYENTE POR BOGOTA el siguiente esquema:

 

5.1- ACUERDOS INSTITUCIONALES

 

JUNTAS ADMINISTRADORAS LOCALES

CONCEJO DE BOGOTA

CONGRESO DE LA REPUBLICA

 

5.2- ACUERDOS GREMIALES

 

CAMARA DE COMERCIO DE BOGOTA

ANDI

ACOPI

FENALCO

ASOMEDIOS

LONJA PROPIEDAD RAIZ

OTRAS ORGANIZACIONES GREMIALES

 

5.3- ACUERDOS SOCIALES

 

CONFEDERACIONES SINDICALES

ORGANIZACIONES CIUDADANAS

FEDERACIÓN COMUNAL DE BOGOTA

ASOJUNTAS LOCALES

ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES

ORGANIZACIONES SOCIALES DE BASE LOCAL

IGLESIAS

ORGANIZACIONES ETNICAS

ORGANIZACIONES DE GENERO

 

5.4- ACUERDOS ACADEMICOS

 

INSTITUCIONES UNIVERSITARIAS

INSTITUCIONES DE INVESTIGACION

INVESTIGADORES INDEPENDIENTES

 

5.5- ACUERDOS POLITICOS

 

PARTIDOS POLITICOS

MOVIMIENTOS POLITICOS

 

5.5- ACUERDOS CIUDADANOS

 

20 CONSTITUYENTES LOCALES

 

Este proceso de construcción CONSTITUYENTE, deberá iniciar con un documento borrador, elaborado por un equipo de asesores de la SECRETARIA DE GOBIERNO DISTRITAL, que será puesto a disposición  del trabajo de todos los sectores comprometidos con la iniciativa. Se hace necesario reiterar que el documento elaborado por los asesores, es ante todo una ayuda técnica, una herramienta de trabajo, que en nada pretende opacar la esencia del proyecto, concebido como un espacio de participación ciudadana.

 

El producto final de la CONSTITUYENTE POR BOGOTA será un proyecto de ley, debidamente articulado, puesto a consideración del CONGRESO DE LA REPUBLICA para su aprobación, con el objetivo de dotar a la Capital de un nuevo Estatuto Orgánico.